Redactado por: Andrea Lucía Rodríguez
Editado por: Berta Navarro


Cuando vas de compras todo parece una buena idea… hasta que ves el precio o te llega la cuenta y “te vas para atrás”. Esto solía pasarme a menudo, me perdía dentro de las tiendas pues sus entradas me gritaban que tenían grandes descuentos, en pocos minutos salía del lugar con cinco bolsas y una factura con pinta de bruja, que no perdía el tiempo y convertía mi dinero en polvo.

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Un día me senté sobre mi cama y tuve una plática muy profunda con mi ropa, llegamos a una triste conclusión: ya no había espacio para nuevos inquilinos en el clóset. La ignoré y seguí con mi vida… hasta que mi billetera se hizo alérgica de tanto polvo que guardaba; en ese instante recordé algo que una persona muy especial me dijo hace mucho tiempo. Imaginate a la pequeña Andrea caminando por una juguetería, como cualquier niño, quería todo lo que estaba en las repisas. Preparé mis ojos de perrito y me acerqué a mi abuela. Ella no se dejó convencer por mi expresión y me hizo tres preguntas que, hasta el sol de hoy, no he olvidado: ¿Lo querés? ¿Lo necesitás? ¿Podés vivir sin ello?

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Me conoce tan bien que nunca se ha dejado convencer por mi carita angelical.

Me costó entender su extraña manera de razonar, pero gracias a ella encontré un nuevo pasatiempo: cocer ahorros. Así empezó mi búsqueda del sabor correcto: comencé a probar varias combinaciones y eliminé los ingredientes que causaban mis compras compulsivas. Por fin, pude aprender a cocinar una buena paila de ahorros y porque soy buena persona, te comparto mi receta:

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Hoy en día, gasto mi dinero en ropa, zapatos, comida e internet. Para economizar no debo dejar de comprar sino moderar la frecuencia de mis paseos al centro comercial, además, aprendí a invertir solo cuando mi ropa ya no me queda o si en serio necesito algo; procuro comer en casa, usar wifi gratis y empezar una relación bonita con mis tenis fue fácil. En poco tiempo, vas a tener algunos pesitos guardados y los podrás gastar en lo que querrás.
Es importante saber que, si vas a buscar un producto o te enamorás de uno en el camino, debés hacerte las tres preguntas mágicas. Por favor, no te engañés, pensá bien cómo vas a responder. Si el objeto que vas a comprar no te emociona, no es funcional ni provechoso, mejor salí de la tienda y dejá que tu alcancía descanse.

 ¿Lo cocinamos o lo dejamos vivir?
¿Lo cocinamos o lo dejamos vivir?

Por otro lado, en la escuela te enseñaron a sacar el valor de “x”, pero no cómo crear un presupuesto. Anotá todos los gastos en los que caés y pensá si podés cubrirlos todos. Esto no es nada del otro mundo; pronto se convertirá en un nuevo aliado que te ayudará a crear un plan de acción para manejar tus monedas y la paz mental adquirida por medio de las mismas.
El último paso implica pensar antes de poner en juego tu dinero, repetí conmigo: “No me dejaré influenciar por lo atractivas que son las vitrinas, no gastaré solo por el gusto de gastar.” Respirá profundo y esperá a que el hábito se forme.

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Esta receta te causará tanta satisfacción como el glorioso día que te encontraste un billete de 500 en la bolsa de tu pantalón. Ahorrar es un platillo que a todos nos cuesta preparar, pero siempre te dejará un buen sabor de boca.
Te deseo suerte y te comparto un video que prueba que, con fuerza de voluntad, todo es posible.


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!