Redactado por: Melissa Lizano
Editado por: Patty Aplícano


Muchos años después (gracias a las promesas que hice el 31 de diciembre) agarré valor y me subí a una bici a pedalear. Todo empezó hace unos 5 años cuando mi abuelo decidió añadir el ciclismo a las muchas disciplinas que practica. Él es una persona que ha tenido varios “hobbies” e intenta que su familia se interese en alguno y resulta que con este dio en el blanco. Le regaló una bici a mi mamá y después quién la bajaba de aquella Trek azul de montaña.

Era de esperarse que nos motivaran a mis hermanas y a mí a pedalear: 2 de 3 pasaron la prueba. Ana Paola es un ser humano anormalmente coordinado y en dos segundos le agarró a la vaina; podía con los cambios, sabía usar los frenos y subía o bajaba colinas como si nada. Marce es más de quedarse en la casa, ver tele y dormir pero le entendió al trámite solo que no era para ella. ¿Yo? Mi filosofía de vida en cuanto a los deportes (si me conocen sabrán que me caigo en lo parejo y soy un tantito paranoica) era: “Si mis dos pies no tocan el piso fácilmente, ni pagada lo hago”. Cuando me subía a la bici me daba miedo caerme o arruinarla y eso no me dejaba avanzar. Pensé que la afición se les pasaría, pero mi familia se metía más al rollo y cada vez que acompañaba a mi mami a competencias me preguntaban “¿Ajá y vos cuando vas a empezar?” ¡Qué horror! En serio. Por una parte, me sentía presionada a pedalear y por otra quería encariñarme de este deporte que tenía loca a tanta gente. El año pasado decidí dejarme de cosas e intentar, pues no es nada del otro mundo y aunque me tomara más tiempo, le iba a agarrar.

El año pasado, doña Gennie me llevó al Canal Seco en Comayagua, una ruta plana y poco transitada donde podía andar medio tranquila. Cuando llegamos literal no me explicaron nada; sabía que la bici tenía cambios pero no cómo usarlos. Salimos y sentí que los pedales rotaban rápidamente y no sabía que hacer con mi vida en ese momento, hasta que alguien medio me explicó (a todo esto, yo iba pedaleando). No solo no sabía que ondas con los cambios sino que frenaba peculiarmente y en una de esas me caí. Fue en un pedrero. Vi mi vida pasar frente a mis ojos mientras las piedras en mi espalda me sacaban el aire, golpeaban mis brazos y la bici hacía presión en una de mis piernas; en ese momento solo le rogaba al Señor que nadie más que mi mamá me hubiera visto. Me levanté lo más rápido que pude, me limpié la tierra que tenía encima y me puse a revisar la bici. Me preocupé porque la bici de mi mami no cuesta 100 pesos y yo juraba que el marco se había partido en dos. Mi mamá me preguntaba “¿Hija estás bien? ¿Te duele algo?” Yo casi llorando le dije “Sí, sí pero no sé si te arruiné la bici.” Ese día casi muero dos veces porque mi mamá casi me mata cuando le puse más atención a la bici que a mí. ¿Ahora ven por qué prefería tener los dos pies en el piso?


Este año volvimos. Fui en otra bici y esta vez vencí al Canal Seco. Me temblaban los brazos cuando bajaba las cuestas porque el viento sopla horrible ahí; créanme que me vi rodando cuesta abajo, con raspones porque me había arrastrado por todo el pavimento, pero terminé intacta. Andar en bici no es nada del otro mundo y lo entendí hasta que me subí a una y simplemente pedalié (y como verán del piso no pasé). Si querés intentar algo nuevo pero ¨te da cosita¨, conseguí amigos que te acompañen porque no hay nada mejor que sentirte apoyado. Aún no me atrevo a andar en montaña pero si no me da algo en el intento se los contaré en otro post.

Posdata: Cuidado con los ciclistas; tratá de mantenerte a 1.5 metros de los cristianos para no ¨mal matarlos”.


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!