Redactado por: Anna Ramos
Editado por: Marlene Cálix


No me vas a decir que de niño, no jugabas a ser el papá o la mamá; si sos niña te ponías los tacones de tu mami, manejabas los zapatos como toda una modelo, te maquillabas hermosa (según vos) y combinabas el mejor “outfit”; claro, la cartera también iba en este combo, al menos era lo que yo hacía. Recuerdo que mi mami solía decirme que era una pizpireta (alucinada, presumida), o que las niñas no se maquillaban, entonces yo quería convertirme en un adulto, para poder hacer las cosas que solo ”los grandes” podían hacer.
Si sos chavo esta parte te va a gustar; me ponía a jugar “fut” con los vecinos de la cuadra, o a mirar partidos con mi abuelo y preguntar ¿qué era una posición adelantada? (nunca entendía, hasta hace poco) y él me tenía paciencia y me explicaba con calma cada vez que le preguntaba. Cabe mencionar que a pesar de que me gustaba tanto el fútbol, mi mamá nunca me dejó jugarlo, entonces yo lo hacía a escondidas (porque me encantaba); Jugaba en la escuela o los domingos cuando iba a ver a mi abuelo practicar con su equipo, claro, después me regalaban un cono por haber hecho un buen trabajo y soñaba con ser grande para que mi “ma” me dejara jugar sin ninguna restricción (sigo esperando que me dé permiso).
Conforme pasaba el tiempo, no solo me maquillaba y robaba los tacones; jugaba una potra de vez en cuando, me había convertido en toda una “salonista” y cortaba el pelo (es una historia que definitivamente les tengo que contar más adelante). Entré a la escuela (desde los 18 meses, no me querían en mi casa) y me convertí en todo una “fashion police”. Conforme pasaban los años mis gustos y preferencias fueron cambiando, llegando al punto de diseñar el vestido de mi graduación de 6to grado; no es mi mayor logro, pero lo hice y pues esa noche fui todo una estrella.

Me encantaba formar parte de los adornos de mi casa.

Sin embargo, llegó esa etapa que yo tanto quería y me di cuenta que no era color de rosas, no solo era maquillaje y vestuario, si no que involucraba un montón de cosas que no tenían nada que ver con ser la más “fashion”, sino mediante todos los conocimientos y el grado de responsabilidad que obtuviera a lo largo del camino. Hoy, estoy aquí, enfrentando nuevos retos, cumpliendo nuevas metas y dándome cuenta que crecer no es solo jugar, al contrario, es una gran responsabilidad, claro, no soy una persona totalmente madura, llevo mi niño interior, porqué ¿a quién no le gustaría ser un niño de nuevo? Pero esta vez soy una “guirra” (así les dicen a las niñas en mi país, Honduras) con responsabilidades de “gente grande”. Ahora soy la “fashion police” de mi mamá, y su maquilladora personal; también “pinto” a mi familia y alguna que otra amiga, o modelo para “photoshoots”.
Pero no me quejo, ser grande no es difícil, cuando hacés lo que te apasiona. Tomáte un tiempo para recordar todas esas travesuras que hacías de pequeño y ponete a pensar si eso influyó en la persona que sos, ¿si pudieras volver a ser niño una vez más, qué harías?, pero sobre todo, ¿aún existe ese pequeño travieso dentro de vos? No olvides que no es malo sacar a jugar ese niño de vez en cuando.

Aquí casual queriendo apagar la velita del pastel.

Bueno recuerdan que les dije que les tenía que contar mi travesura de “salonista”; todo paso un día, en la escuela, mi amiga y yo estábamos aburridas en clase porque ya habíamos terminado el trabajo, entonces ella me pidió que la peinara como princesa (obviamente no era más que una cola bonita en la mitad del pelo) sin embargo existía un pequeño problema… la cola de mi amiga estaba enredada; no dude en cortarla, mi susto fue cuando al retirar la cola, se vino con ella el pelo larguísimo de mi amiga, ¡TODO! Quedo pelona, y su reacción fue entre sorprendida y triste, no lo puedo negar yo me reí a carcajadas, pues se miraba muy chistosa de pelo corto, a mi reacción la maestra me llamó la atención y me llevó a la disciplinaria, ellas no entendían que solo estábamos jugando. No les hago largo el cuento, la mamá llegó y solo se rió y dijo: “Son travesuras de niñas, no se preocupen” (mi mamá dio gracias a Dios que la doña no le salió con el machete desenvainado como dirían en mi pueblo, es decir, malcriada o enojada), por otra parte, mi mami estaba súper apenada, tanto que ofreció pagar el salón de la niña para que le arreglaran el pelo. Ahora ya no corto pelo, pero no te miento, de vez en cuando se me sale la cipota traviesa que llevo dentro.


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!