Redactado por: Daniela Joya
Editado por: Ariana Villardita


Primera escena
Una niña de once años camina por la calle con su mamá. Todo parece bien hasta que comienza: los silbidos, los comentarios soeces, y el infalible: “Adiós suegra”.

Segunda escena
Una muchacha de quince años espera junto a una puerta, a punto de salir de una reunión con amigos y familia. De pronto, uno de los hombres se para detrás de ella, le da una palmada en las nalgas y le dice al oído: “Apurate”.

Tercera escena
Una mujer de veinte años entra a una gasolinera a altas horas de la noche. Su cara de preocupación es evidente, sus ojos inspeccionan el lugar de lado a lado. Hay varios hombres sentados en el área de comedor; solamente dos cajeras.

Una palabra puede llegar a ser como un golpe.

¿Qué hay de malo aquí? Si no lo ves, lastimosamente sos parte del problema.
Una niña que juega con muñecas, no debería sentir miedo al caminar por su ciudad. Ella, que ni siquiera ha tenido un ciclo menstrual, no debería sentir asco de su cuerpo al caminar por ahí a plena luz del día. No tendría por qué querer arrancarse la piel, por lo sucia que la hacen sentir los comentarios de alguien a quien ni le vio la cara.
Una chava no debería preocuparse por si el hombre que viene caminando hacia ella le va a tocar las nalgas al pasar. Su corazón no tendría por qué acelerarse cuando un desconocido se le acerca en un lugar con poca gente, ni su piel por qué erizarse cuando él la roza por accidente.

Los ojos de ellas fueron diseñados para lucir hermosos al sonreír, no para buscar constantemente la salida más cercana. Sus cerebros, con capacidades asombrosas, no tendrían que calcular cuánto les tomará correr hacia la puerta y si gritarían lo suficientemente fuerte para que alguien las ayude.
Soy mujer. Vivimos con estos miedos siempre. Y a diario nos preguntamos, ¿por qué?
¿Por qué tengo que agachar la cabeza al caminar por la calle? ¿Por qué tengo que cambiar mi ropa? ¿Por qué a nosotras nos dicen “dense a respetar”, pero no les enseñan a ellos a respetar? Es paradójico, ¿no?
¿Por qué tengo que sujetar las llaves entre mis dedos en caso de que necesite algún tipo de arma?, la que sea. ¿Por qué se preguntan qué hizo mal la víctima de una violación? ¿Por qué tengo miedo de tener hijas cuando sea mamá? ¿Por qué me preocupa la edad en la que tendrán que aprender defensa personal?

¿Por qué tener que enseñarles esto?

¿Por qué me tiemblan las manos al presionar estas teclas? ¿Por qué hay lágrimas en mis mejillas al escribir estas líneas? Te cuento: Dios creó a la mujer para ser ayuda idónea del hombre; una criatura amorosa, sabia y valiente. No solo para tener hijos, ni para ser una esclava o para ser pisoteada; la creó para ser honrada y amada.
Ninguno estaría leyendo esto si no fuera porque vino al mundo por una mujer. Así que, si sos hombre y pertenecés a ese grupo que pone el nombre de su mamá en alto por tu manera de tratar a las mujeres, ¡gracias! Sos la razón por la que me levanto en las mañanas. Asegurate de pasarles esa gracia y educación a tus hijos.


                                 Batman te lo agradece.

Pero si has fallado en el factor respeto, te ruego que lo pensés dos, tres, ciento nueve veces, antes de gritarle obscenidades a una mujer. Lo que digás le afectará el resto del día… o la semana… o toda su vida. Ah, pero tampoco se lo digás bajito a tus aleros; el que ella no te escuche, no significa que no la estás denigrando. Si por una centésima de segundo, dudás que ella vaya a aceptar una caricia tuya: no la toqués.
Y a las chavas:

 

Como diría la Doctora Ana María Polo: “Respete para que lo respeten”.

Sobre todo, no permitan que nadie les reste valor, ni ustedes mismas deberían hacerlo.

Primera escena
Una niña camina por la calle feliz de estirar las piernas. Ella nota a un grupo de hombres en la acera y les sonríe. Ellos le sonríen de vuelta, y le desean un buen día.

Segunda escena
Una jovencita espera junto a una puerta a que sus papás estén listos para irse. Un amigo de la familia se acerca por detrás, aprieta su hombro juguetonamente y le da un pequeño empujón para que salga. Ella lo ve hacia arriba y le enseña la lengua.

Tercera escena
Una joven desorientada entra a una gasolinera llena de hombres. Uno de ellos la nota, deja su asiento y se acerca a ella. El hombre le pregunta: “¿Necesita ayuda en algo?” Agradecida y bastante aliviada, ella le explica su emergencia.
¿Recordás los primeros escenarios? Yo prefiero estos últimos, ¿y vos?


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!