Redactado por: Lariza Acosta
Editado por: Carlos Oviedo


¿Alguna vez viste a alguien que comprara catorce yardas de tela… a la vez? Bueno, esta nena lo hizo y no se arrepiente de nada. Y es que tengo una pasión por esas ondas de costura desde antes de que se hiciera popular. Así es, esta “maldición” me acompaña literalmente desde que estaba “chiqui” cuando miraba a mi mamá hacer cortinas y cojines para la casa. Ella usaba una máquina de coser de esas negritas, y yo ahí andaba de “metiche” queriendo hacerlo también. El tiempo pasó y con él mi afán de unir telas fue creciendo exponencialmente. Lo malo es que mi límite era nada más que quitar o poner bolsas a las camisas, es decir nada. Creo que en realidad todo era la preocupación de mi mamá en que yo me fuera a lastimar, por ende nunca hice uso de la “negrita” que al final de cuentas terminó por arruinarse.

Fui un caso bien especial en la escuela, donde mientras los demás niños se quejaban de hacer la manta con puntadas -que de ley dejaban hacer- pues yo me entretenía haciéndola con todo gusto. Pero, para mí desgracia, en el colegio era un poco más intensa con eso de costurar, por lo tanto, terminó convirtiéndose en un gusto culposo, ya que eso de tomar aguja e hilo no era lo más “wow” para niñas de mi edad. Aquí ya me picaban más las manos de realmente hacer algún proyecto, con cualquier cosa yo iba a ser feliz. Me decidí entonces a desempolvar todos los cuadernos “únicos” de esos que eran costurados y súper grandes que alguna vez utilizó mi mamá. Si bien aprendí a sacar medidas, usar patrones y colocar pinzas, no fue suficiente.
A raíz de eso, insinué la posibilidad de tomar cursos de costura pero no era así de fácil, para empezar la Academia Burda no quedaba cerca de mi casa y como a mí no se me cae una uña por tomar un bus de ruta, si me animaba a ir todos los días aunque fuera en transporte público; Lamentablemente no me dejaron, fue más el pánico de que me fueran a secuestrar, asaltar o algo por el estilo.

La reacción de mi madre al escuchar bus de ruta y yo en la misma oración.

Luego decidí que ya era hora de abandonar las puntadas a mano y hacer cosas a máquina. Fue entonces cuando pensé ¿Realmente teníamos que comprar una? Pues no, si bien con mi madre queríamos comprar la primera máquina que se nos cruzara en frente, antes teníamos otras prioridades y con ellas cada vez era menos posible adquirir una. Creo que llegué al punto en el que si me hubieran puesto a decidir entre adquirir el último celular de moda o una máquina de coser, estaba más que claro lo que iba a elegir -y no era el celular-.

Pero no todo fue malo, aquí viene lo más bonito de todo, de acuerdo a mis constantes deseos hicieron que conociera a gente con mis mismos gustos, resulta que la mamá de un amigo me vio “babeando” su máquina sorgeteadora y me preguntó si quería aprender más ¡Obvio que sí! Así pues, ella aún con su artritis pasaba horas conmigo dándome indicaciones y corrigiéndome cuando era necesario (nuestras discusiones trataban entre lo que estaba hecho bien contra lo que se veía bien) en otras palabras no tenía pelos en la lengua a la hora de decir las cosas en la cara, fue gracias a ella que yo le di viaje a otra de mis pasiones: el “cosplay” (vestirse como un personaje ya sea de películas, animé, cómics, libros etc.) Aunque es más una excusa para poder costurar cosas locas sin tener una razón en especial. En uno de esos trajes es que utilice las catorce yardas. No me puedo quejar, gracias a esto tengo una que otra aventura por andar metida en estos rollos, por ejemplo: salí por primera vez de Honduras, he sido invitada como jueza, me quedé sin bus de regreso en otra ciudad y casi me pierdo en otro país. Pero esas ya son otras historias. Les dejo este video del Tanabata Fest 2014

Actualmente logré uno de mis propósitos ¡Comprar una máquina de coser eléctrica! Conseguí un trabajo los fines de semana y no perdí el tiempo, comencé ahorrando todo lo que podía. Nunca voy a olvidar ese día en que la fuimos a comprar, ya que era el cumpleaños de mi mamá, no sabía quién estaba más feliz si ella o yo.

Ahora podía realizar todos proyectos que tanto había deseado y me mata de risa cada vez que compro tela, mi mamá entra en modo: ¿Ya vas con tus “chunches” de nuevo? Y una vez que termino es: ¡Qué bonito te quedó! ¡Yo quiero ver más fotos! ¿Y solo esas tenés? Me pongo como pavo real cada vez que le enseño una pieza pegada aunque sea una simple manga sin terminar. Quién diría que esa mocosa que pegaba bolsas a las camisas pudiera algún día hacer un traje completo.

Kamecon Fest – San Pedro Sula, mayo de 2016

Me ha pasado que hay gente preguntándome si hago pedidos, después de considerarlo la verdad es que no me siento con la experiencia suficiente para aceptar ese tipo de encargos, después de todo mi conocimiento es netamente empírico y si te cuento algo, pasé cuatro años de mi vida esperando a que abrieran Diseño de Modas en mi universidad, entonces considero que aún puedo seguir esperando un poco más. Además nunca se sabe cuándo vaya a necesitar otras catorce yardas de tela ¿Por qué soy así? Solo me queda graduarme de la sensual y hermosa carrera de Comunicación Audiovisual y Publicitaria, que, no creás también amo con toda intensidad. En fin, espero que no seás como fui yo y que no te de pena que el mundo se entere de tus gustitos.

                                            Pusheen siempre me acompaña en las desveladas.

Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!