Redactado por: Sonia Thumann
Editado por: María Fernanda Trochez


Mientras muchos describen al amor de su vida con características de su aspecto físico y personalidad; tenacidad, agilidad y precisión son los adjetivos que yo usaría para describir al mío.

BMW E46 M3 Créditos: Scott Chu

El amor por el automovilismo es algo que ha sido pasado por generaciones ya que mi familia viene de la cuna del motor de combustión interna: Alemania. Todo empezó cuando yo estaba chiqui porque siempre prefería jugar con los Hot Wheels de mi hermano que con mis Barbies. Más adelante me compraron un Jeep (pero no de control remoto, sino que de esos a los que se les carga la batería y vos mismo te montás a manejarlo) donde pasé los mejores momentos de mi niñez; emocionantes para mí, alarmantes para mis papás ya que ignoraba por completo la existencia del freno, porque frenar no es igual de divertido que acelerar.

Al pasar los años yo escuchaba a mi papá hablar con mi hermano de carros y usaba términos que poco a poco fui entendiendo como caballos de fuerza y torque. También crecí escuchando las hazañas de mi abuelo, que era piloto porque al parecer los carros no eran lo suficientemente rápidos. Recuerdo que al escuchar sus anécdotas, que eran el resultado de la combinación de gasolina de avión con gasolina normal para poner en sus “muscle cars”, fue cuando sentí la necesidad de vivir la pasión con la que tanto se expresaba y compartir su entusiasmo, pero no fue sino hasta que manejé por primera vez un E46 M3, un modelo de la Serie 3 de BMW, que todo tuvo sentido y finalmente comprendí la pasión de mi abuelo al manejar.

Yo iba manejando en el carro de mi papá por el Anillo Periférico y ví que a la orilla de la calle estaba un E46 con un rótulo de “Se vende” pero yo, que soy choca, no lo noté sino hasta muy tarde entonces tuve que ir súper lejos a dar el retorno pero definitivamente tenía que verlo, o al menos esa era la intención. Al estacionarme salí lo más rápido posible del carro para apreciar esa magnífica obra de la ingeniería teutona y después de 5 minutos de estar como buitre encima del carro apreciando cada detalle diseñado a la perfección para alcanzar la máxima eficiencia aerodinámica, salió un viejito de un taller a unos cuantos metros de donde se encontraba el E46. Le pedí información pero me dijo que él no era el dueño y solamente estaba a cargo del carro pero que si quería lo podía ver. Al darme las llaves lo abrí y me senté en el asiento del piloto, los asientos eran de cuero beige, el tablero era clásico y sencillo, era lindo pero no lo amaba. Le pregunté si lo podíamos probar y me dijo que él no podía dejar el taller por lo que le propuse un trato, yo le dejaba las llaves de mi carro mientras me llevaba el BMW. Lo pensó por un momento y me preguntó: “¿Dentro de cuánto tiempo regresaría?”

Me quedé muda por un momento porque pensé que ni siquiera lo iba a considerar y solo le dije que iba a ser rápido. En el momento en el que intercambiamos llaves escuché a mi papá en mi cabeza diciendo “¡Sos una irresponsable!” una vez más pero en esta ocasión tenía razón, pues estaba dejando su carro a un desconocido a cambio de otro que costaba la quinta parte del suyo. Sin importar las consecuencias me fui y no saqué ni mi celular. Después de pasar por la gasolinera empezó la diversión, efímera pero inolvidable. No importa cuántas veces me dije que no iba a hacer estupideces, intrínsecamente sabía que era mentira porque una vez que metí el acelerador a fondo no lo pude soltar. La emoción era inigualable, tanto que me sería imposible hacer una analogía porque nunca he experimentado nada similar. La emoción de lograr que el motor alcanzara la eficiencia máxima con “rev matching” para hacer cada cambio me hizo sentir Ayrton Senna en Fórmula 1. La adrenalina recorría mi cuerpo al estirar los límites entre hombre y máquina esquivando no solo los taxistas manudos, sino que también los lindos baches que engalanan las calles de Honduras.

Yo esquivando conductores y baches.

Había manejado carros mucho más rápidos pero la experiencia con este era más cruda al ser mecánico y no tener tanta tecnología que facilitara la conducción porque BMW todavía se enfocaba en complacer a los entusiastas. Tantas cosas estaban mal con el carro: la dirección no estaba bien, la aceleración era lenta, el interior estaba desgastado y la carrocería tenía óxido, pero el hecho de que fuera M lo justificaba todo ya que si sos un amante del automovilismo no comprás un carro por lógica, lo comprás por pasión porque para nosotros no se trata de llegar de punto “A” a punto “B” se trata de disfrutar el viaje. Incluso hay ocasiones en las cuales dejás todo lo que estás haciendo para ir a manejar, sin destino, solo por disfrutarlo.

Pensé que tal vez si manejaba lo suficientemente lejos el viejito olvidaría que lo tomé y me lo podría quedar para siempre, pero tuve que volver a la triste realidad; ya había pasado media hora y tenía que regresar. Si alguna vez tenés la oportunidad de llevar un carro al límite no lo pensés 2 veces porque no lo vas a entender si no lo experimentás, porque no es algo que se escribe es algo que se siente.

Aquí te comparto un video para que veás lo divertido que es manejar un E46.


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
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