Redactado por: Ruby Marriaga
Editado por: Alfredo Aguilera


Llegué a un lugar distinto y casi todo era desconocido, tuve que salir de mi ciudad para encontrar lo que estaba buscando y no eran las esferas del Dragón. ¡Quién no disfruta estar una semana lejos de su hogar, sin tener que escuchar el típico de tu mamá: “Nadie me ayuda en esta casa, nunca me obedecés en lo que yo te digo”! Lo mejor es que esos días los pasarás al lado de tus mejores amigos, hasta que llega la separación de cuartos.

¡Mis amigos y yo, somos inseparables!

Gracias a Dios me tocó en la misma habitación que una amiga de la iglesia: Michelle. Ella y yo estábamos aterradas, pero a la vez entusiasmadas por nuestro primer Campamento de Palabra de Vida Honduras, actividad que se realiza en las primeras 3 semanas del mes de enero y es un grandioso instrumento para alcanzar a los jóvenes y desafiar la vida de los mismos, acorde a la palabra de Dios.

Michelle y yo, viajando a nuestro primer campamento.

Todos me decían que no me iba a arrepentir de ir al “campa” y que marcaría mi vida; la verdad, no estaba muy convencida, pero siempre he sido una persona aventada (así se le dice en Honduras a una persona que es atrevida) y decidí disfrutar esa semana al máximo. No contaba con que el cuarto se compartiría con otras 12 niñas de mi edad y de distintas ciudades del país. No es malo compartir un mismo espacio, el problema es que no te sentís cómoda con ello, porque siempre has cuidado tu espacio personal.

Es común encontrar en un campamento, mucha diversión, amigos, deportes, noches artísticas y el tan famoso banquete; en otras palabras, muchas sorpresas solo para vos, además de los 249 jóvenes que también estaban en ese lugar. De eso creí que trataba el campamento: conocer a nuevas personas y disfrutar, pero estaba muy equivocada. A medida que pasaban los días, Michelle y yo no dejábamos de reírnos y participábamos en todas las actividades; nuestra consejera de cuarto nos comunicó que el día miércoles sería una noche especial que cambiaría nuestra vida por completo; nosotras no entendíamos a qué se había referido y con mucha seguridad asimilábamos que tendríamos una noche de talentos, pero no fue así, nos llevaron a un auditorio a escuchar unos testimonios y yo quedé impactada en cómo Dios obra en la vida de las personas; luego nos dirigimos a un área del campamento en donde había una fogata como punto central y muchos lugares para sentarse a su alrededor.


 La noche de fogata es el tiempo más especial del campamento.

La noche en Zambrano estaba más fría de lo normal. Entre cantos, consejos y más testimonios, pude tomar la decisión de consagrar por completo mi vida a Jesús. Experimenté un fuego en mi interior y no solamente era por la fogata que tenía enfrente, sino que comprendí que este campamento era más que diversión: era conocer el propósito de Dios para mi vida. Me fue inevitable no llorar y prometer muchas cosas ante Él, que por su gracia las he cumplido.

Esa noche cambió mi vida tal como me lo habían advertido y quedé muy convencida que debía regresar cada año a este lugar tan especial. Así fue, he asistido a este mismo campamento los últimos 8 años de mi vida y sin duda alguna todos han sido diferentes, pero con el mismo propósito.

Este año acudí a mi último campamento, lo disfruté como el primero. Recordé tantos momentos que pasé en ese lugar, las decisiones que tomé cada vez que lo visitaba, las amistades que hasta el día de hoy conservo. En uno de esos días de actividades me alejé de todo lo que estaba a mi alrededor y me fui a una cabaña; saqué mis audífonos para escuchar mi música favorita, cerré mis ojos y empecé a agradecerle a Dios por ser su hija amada, por lo mucho que Él ha sido fiel y misericordioso conmigo. Mientras oraba, mis lágrimas rodaban por mis mejías y como el airecito de la Rosa de Guadalupe, sonreí al cielo y dije: No quiero estar en otro lugar más que en tu presencia, creciendo en espíritu y en verdad.

Descripción gráfica de como me sentía en ese momento de gratitud.

Mi corazón no solo estaba agradecido por la oportunidad de estar ahí, también estaba sorprendido por la bondad de Dios. Pasaron las horas y llegó nuevamente el tiempo de la fogata. Poco a poco me di cuenta que yo estaba ahí solo en cuerpo, porque mi espíritu estaba postrado frente a la presencia de Dios, adorándolo como nunca antes lo había hecho. No cabe duda que El Señor tiene grandes planes para nuestra vida y en ocasiones solamente debemos de abrazarlos y dejar que Él nos lleve a donde es mejor. Les dejaré un video acerca del Campamento Palabra de Vida Honduras y recuerda: “Cinco días y muchos cambios”.


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!