Redactado por: Ismena Perdomo
Editado por: Magdiel Lagos


¿Tienes un ángel aquí en la Tierra? ¿Es valiente? ¿Es fuerte?
Pues déjame contarte que yo sí tengo uno: ¡Mi mamá! Ella es la guerrera más fuerte y valiente que papá Dios me pudo enviar; menciono todo esto porque no imagino la fortaleza que conservó cuando tuvo que salir corriendo a la 1:00 de la madrugada hacia el hospital, conmigo en sus brazos, porque yo presentaba una fuerte hemorragia nasal (sangrado de nariz).

No tengo la menor idea de dónde obtuvo fuerzas en el instante en que una Doctora Oncóloga me diagnosticó con Leucemia Linfocítica Aguda (cáncer), y el hecho de que ella dijera: “No hay más que hacer, su hija tiene cáncer, deben quedarse en el hospital porque si sale de acá, lo más probable es que muera en el camino.”

El corazón se me hace chiquito al recordar la primera vez que una quimioterapia recorría mi cuerpo y mi mamá me decía: “Hija vamos a salir de esta”, o la vez que yo no paraba de llorar mientras ella, peinando lo que me quedaba de cabello, repetía: “Es más importante una sonrisa que el cabello”. Incontables veces el medicamento quemaba mis brazos, sabía que mi ángel quería llorar junto a mí, pero no lo hacía; su valentía era inquebrantable. Un día gris, desperté y vi muchos aparatos a mi lado (incluyendo unos tanques de oxígeno); pregunté entonces: ¿Qué está pasando? Y ahí fue la primera vez que mi mamá, tomando mi mano e inclinándose en mi abdomen, comenzó a llorar. Yo sabía que algo andaba mal; desesperada le repetí la pregunta, y con lágrimas respondió: “Ayer tuvimos una noche larga; has convulsionado y no se sabe si esto afectó tu cerebro”.

Lloramos y nos abrazamos un largo rato, luego mencionó: “Sé que es duro para una madre hacer esto, pero te entrego a Dios; Él hará lo mejor para nuestras vidas”. Es complicado recordar que hubo momentos que no quería seguir luchando; sentía que no podía más, con gran llanto me preguntaba por qué me pasaba eso a mí. En medio de esa crisis y desesperación se encontraba mi ángel con su corazón roto, pero con las palabras correctas para animarme: “Estamos juntas en esta lucha mi niña”. Otras veces veía cómo algunos de los pequeños a mi lado se ponían graves, y de un día a otro, sus camillas quedaban vacías; era inevitable pensar que sería la siguiente, pero la fe que mi madre imponía me alentaba a luchar y decir: “El cáncer no me puede vencer, yo soy más fuerte que él”.

            Cuando la tristeza me invade mi mamá siempre está junto a mí.

Luego de meses de tratamiento intenso, la frase de mi mamá: “Dios le da sus más fuertes batallas, a sus mejores guerreros”, era parte de mi vida y el convivir con niños y jóvenes de mi edad con el mismo diagnóstico mío, me hacía notar la importancia de disfrutar la vida y de agradecer siempre por todo lo que se tiene.

Ahora lo más divertido es ver cómo le cuesta peinar todo el cabello que tengo.

Finalmente, llegó el día en el que el sol volvió a brillar: mi nuevo médico revisaría mis últimos exámenes de médula ósea. Esperamos juntas a que nos atendieran, el doctor nos indicó que entráramos a su consultorio y nos sentamos mientras el abría cuidadosamente mi expediente médico, leyó un poco y con una enorme sonrisa nos dijo: “Felicidades, han vencido el cáncer; Ismena estás completamente sana” (sé que mencionó “han vencido” porque triunfamos mi ángel y yo); ambas nos miramos y nos abrazamos, lloramos pero esta vez de la alegría. Al salir del consultorio nos volvimos a abrazar y agradecimos a Dios por tan grande milagro en nuestras vidas, ya que sin Él nada hubiese sido posible. Es aquí donde reflexiono y puedo decir que de verdad Dios les da sus peores batallas, a sus mejores guerreros; siendo así, mi madre es toda una gladiadora. ¡La mejor gladiadora de mi vida!

Aquí te dejo este video que muestra la respuesta de jóvenes con cáncer cuando se les pregunta: Si pudieras pedir un deseo, ¿Cuál sería?


Nota de la Directora Editorial: Es importante hacerte saber que la mayoría de los artículos son redactados por los estudiantes que cursan la materia de “Redacción para medios”, por lo que encontrarás muy posiblemente en su composición, errores de todo tipo.
La exposición de dichos errores es parte también de la experiencia de los muchachos, por lo que de antemano, te pido los dispensés; en su momento serán corregidos por tu servidora como parte de su evaluación. ¡Muchas gracias por leer!