Redactado por: Nick Plata

Editado por: Dana Díaz

 


 

Todos nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, pero ¡qué difícil es llegar a la segunda etapa, CRECER! Es aquí donde depende mucho del camino que le das a tu vida. Muchas veces no sabés qué hacer, ni para dónde ir, y sí… así me llegué a sentir, frustrado, porque no era bueno en nada, hasta que un día conocí la fotografía y fue allí donde mi vida empezó a cambiar.

¡Qué profundo!

Comencé con mi iPod Touch 5g a tomar fotografías y las editaba en aplicaciones como: “EyeEm”, “Photoshop”, “VSCO”, etc. Con el tiempo aprendí algunas cosas debido a que cursé la clase de Fotografía en la universidad. Luego busqué más información en internet y así me fui profundizando como un submarino en el océano, con tanto que ver y descubrir poco a poco, teniendo en cuenta que hay mucho de qué ocuparse (sí, mis estudios, mi trabajo y mi vida personal), hasta que un día llegué a preguntarme algo: “¿Soy una fotografía?”, ¿Qué pensás vos sobre esto? Podés decir que estoy loco o simplemente no, pero veamos a lo que me refiero. Una foto se expresa: hay sentimientos dentro de ella, tiene colores, matices, es palpable por lo que sentís, te pone melancólico, te anima, te divierte, te enoja, por mencionar algunas. Si te das cuenta, podés causar todo esto en una persona, podés ser una fotografía para alguien, capturando en tu memoria los mejores momentos de la vida y en tu corazón, guardarlos en un pequeño espacio congelado donde no se toca.

Aquí te dejo una lista de “Apps” que podés utilizar en tu celular para editar tus fotos, hacé click aquí.

Por otro lado, recuerdo que un día estaba en mi cuarto, acostado, mirando al techo mientras mi vocecita interna hablaba con Dios y empezaba una lista desplegable de preguntas hacia Él, por ejemplo: ¿En qué soy bueno?, ¿cuándo descubriré una pasión?, ¿en qué puedo servir al mundo?, etc., pero no pensé que respondiera tan pronto, porque en cuestión de meses yo ya tenía mi cámara, una Nikon D3300 (me sentí un niño, me brillaban los ojos) y así fue como dio inicio mi aventura en este mundo tan artístico. Recuerdo que en ese momento me creía el mejor, el que todo lo puede (cuando no era así y todavía no lo es) pero ahí vamos, mejorando, para poder serlo algún día.

Este era yo en mi mente y apenas tenía el lente más básico (18-55 mm).

Jamás olvidaré mi primer trabajo con mi cámara profesional, fue para la boda de una pareja que yo no conocía, un amigo les dio mi número y así fue como me contactaron (sí, sé que están pensando ¿Qué hacía allí? Pero mi vigor me confrontó y no pude decirle que no), resulta que tomé más de 1000 fotografías de lo emocionado que estaba y cobré tan barato, pero no me importó, porque la satisfacción y el orgullo que sentí esa noche fue gratificante, me sentía todo un “pro” y me da risa porque ellos no sabían que era mi primer trabajo como fotógrafo, seguro no me contrataban ¡Ja, ja!